El 6 de junio de 2026, activistas por los derechos de los cristianos y expertos jurídicos revelaron en una rueda de prensa en Lahore, Pakistán, que los documentos utilizados para validar el matrimonio de Maria Shahbaz, una cristiana de tan solo 13 años, habían sido ampliamente falsificados. Estos documentos fueron presentados ante el Tribunal Constitucional Federal (TCF) por el secuestrador de Maria, Muhammad Shehryar, de 30 años. En marzo, el TCF había declarado válido el "matrimonio" conforme a la ley pakistaní e islámica, basándose en la observación de que Maria "parecía mayor de lo que realmente era", y negó a la familia el derecho a recuperar a su hija.
Los expertos identificaron varias irregularidades graves: el certificado de matrimonio (Nikahnama) no contenía la firma ni la huella dactilar de Maria, ni su número de identidad nacional; el clérigo musulmán que figuraba como oficiante negó formalmente haber celebrado o presenciado el matrimonio; y la declaración de Maria registrada ante el magistrado estaba redactada en inglés, aunque ella solo habla panyabí, lo que plantea serias dudas sobre si la declaración fue realmente suya. Expertos jurídicos afirman que el caso pone de manifiesto profundas fallas sistémicas en el poder judicial y las fuerzas de seguridad de Pakistán.
El padre de Maria, Shahbaz Masih, presentó un recurso de revisión el 30 de abril para impugnar el fallo del tribunal. Activistas, abogados y miembros de la comunidad siguen alzando la voz para exigir una revisión exhaustiva de los documentos fraudulentos. La comunidad cristiana local sigue acompañando a la familia en oración por la liberación de Maria. La tragedia de Maria no es un caso aislado: cada año en Pakistán, unas 1.000 niñas, muchas de ellas cristianas, son secuestradas y obligadas a convertirse al islam y a casarse con hombres musulmanes mayores que ellas.
Ora por Maria Shahbaz y por todas las niñas cristianas secuestradas en Pakistán. Pide a Dios que mueva al sistema judicial pakistaní a reconocer el fraude y devolver a Maria a su familia. Intercede por los abogados y activistas que luchan por la justicia en este caso, pidiendo protección y perseverancia. Clama al Señor para que la Iglesia en Pakistán permanezca unida y valiente ante esta crisis, y que la comunidad internacional presione al gobierno pakistaní para que proteja los derechos de las minorías cristianas.


