En mayo de 2011, las fuerzas especiales estadounidenses mataron en Abbottabad, Pakistán, a Osama bin Laden, uno de los artífices del terrorismo global. El gobierno pakistaní demolió el complejo donde se escondía, dejando solo un terreno baldío. Quince años después, ese mismo terreno está siendo tomado para el Reino de Dios. Jason Woolford, presidente de Mission Cry, sintió el llamado de Dios a llevar la Palabra a Abbottabad.
"Dije: 'Señor, esta es tu tierra. Tú la creaste y quiero recuperarla para tu reino'". Con ese propósito, Mission Cry envió equipos a la zona y distribuyó 2.000 Biblias en las casas cercanas al antiguo complejo. El resultado fue impresionante: niños que querían ser el próximo Osama bin Laden decidieron convertirse, y hubo personas que se bautizaron. Algunos pagaron un alto precio, perdiendo a familiares y sus empleos.
Recientemente, Mission Cry regresó para impartir una formación de discipulado con el Programa G300, que acompaña al nuevo creyente desde su conversión. El equipo fue recibido con los brazos abiertos. Una mujer había orado durante años para conseguir un Corán, sin éxito, pero al recibir una Biblia supo de inmediato que su mensaje era verdadero. "Seguimos viendo a Dios obrar", dice Woolford.
Aunque la zona sigue siendo peligrosa, para Mission Cry lo que se está logrando merece el riesgo. "Hemos visto suceder algo milagroso allí y por eso no podemos detenernos. Nuestro equipo no quiere parar". Ora por sabiduría para los líderes, por la seguridad de los equipos sobre el terreno y por el crecimiento continuo de la Iglesia en Pakistán.


