Fechas cristianas

Qué es Pentecostés

O que é o Pentecostes

Pentecostés es la celebración cristiana que recuerda la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos de Jesús en Jerusalén, según el relato de Hechos 2. Después de la resurrección y la ascensión de Jesús, es decir, su subida al cielo, Dios cumplió la promesa de capacitar a sus seguidores para anunciar el evangelio. Por eso, Pentecostés está vinculado al comienzo de la misión pública de la Iglesia.

La fiesta ya existía en el calendario de Israel antes de este acontecimiento. Sin embargo, para los cristianos pasó a recordar especialmente que Cristo resucitado derramó el Espíritu Santo sobre su pueblo. Comprender Pentecostés es descubrir cómo Dios reúne a las personas en torno a Jesús y las envía a dar testimonio de él entre todas las naciones.

Una fiesta con raíces en Israel

El nombre Pentecostés proviene de una palabra griega que significa quincuagésimo. La celebración judía tenía lugar al terminar una cuenta de siete semanas, el día cincuenta, y también se conocía como la Fiesta de las Semanas. Vinculada a la cosecha, era una ocasión para agradecer a Dios su provisión, según Levítico 23:15-21 y Deuteronomio 16:9-12.

Este origen explica por qué había en Jerusalén judíos procedentes de muchas regiones cuando ocurrieron los acontecimientos de Hechos 2. Se habían reunido para una fiesta de su propio calendario religioso. En el calendario cristiano, Pentecostés se celebra cincuenta días después de la Pascua, que conmemora la resurrección de Jesús.

Qué ocurrió aquel día

Antes de subir al cielo, Jesús indicó a los discípulos que esperaran la promesa del Padre. Recibirían poder del Espíritu Santo para ser sus testigos, comenzando en Jerusalén y llegando hasta los confines de la tierra (Hechos 1:4-8). La misión dependería de la acción de Dios, y no solo de la disposición o la capacidad de los discípulos.

En Pentecostés, los discípulos estaban reunidos cuando oyeron un sonido parecido al de un viento muy fuerte. También vieron algo semejante a lenguas de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los capacitaba (Hechos 2:1-4).

Lucas, el autor de Hechos, describe señales que podían oírse y verse, sin afirmar que el Espíritu fuera viento o fuego. La multitud se asombró porque personas de distintos lugares oían hablar de las maravillas de Dios en sus propias lenguas. El relato destaca que aquellos oyentes podían comprender el mensaje, que superaba las barreras del idioma (Hechos 2:5-11).

El Espíritu señala a Jesús

Pedro explicó que los discípulos no estaban borrachos, como algunos pensaban. Lo que ocurría cumplía la promesa anunciada por el profeta Joel sobre el derramamiento del Espíritu. Esa promesa incluía a hijos e hijas, jóvenes y ancianos, siervos y siervas: la acción de Dios no quedaría limitada a un pequeño grupo de personas (Hechos 2:14-18).

Pedro recordó la promesa del profeta Joel de que la salvación está al alcance de todo el que invoque al Señor (Hechos 2:21).

El centro de la explicación de Pedro fue Jesús: su vida, su muerte, su resurrección y su exaltación a la derecha de Dios. Declaró que Jesús había recibido del Padre el Espíritu Santo prometido y lo había derramado sobre los discípulos. Así, las señales de Pentecostés mostraban la autoridad y la victoria de Cristo resucitado (Hechos 2:22-36).

Cuando los oyentes preguntaron qué debían hacer, Pedro los llamó a arrepentirse y a bautizarse en el nombre de Jesucristo. Arrepentirse significa volverse a Dios, reconocer el pecado y dejar de resistirse a su voluntad. Aquel día, unas tres mil personas aceptaron el mensaje y fueron bautizadas (Hechos 2:37-41).

Por qué Pentecostés es importante para la Iglesia

A menudo se habla de Pentecostés como el nacimiento de la Iglesia porque marca una etapa decisiva en la formación y la misión de la comunidad cristiana. Esto no significa que el Espíritu Santo estuviera ausente antes de aquel día: ya actuaba en la creación, en los profetas y en la vida de los siervos de Dios. La novedad es el cumplimiento de la promesa vinculada a la obra de Jesús y a la misión de sus discípulos.

La comunidad que se formó en aquel contexto perseveraba en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. Sus miembros también compartían sus recursos para atender a los necesitados. El fruto de la acción del Espíritu incluía aprendizaje, adoración, generosidad y vida en común, además de las señales extraordinarias (Hechos 2:42-47).

Los evangélicos tienen distintas interpretaciones sobre la continuidad de ciertos dones y sobre la relación entre la conversión y la experiencia de ser llenos del Espíritu Santo, también llamada bautismo en el Espíritu Santo. Pese a estas diferencias, reconocen que el Espíritu guía a la Iglesia a confesar a Jesús y a vivir en obediencia a él. Pentecostés invita a cada comunidad a depender de Dios para amar, servir y anunciar el evangelio.

Pentecostés y la oración por las naciones

En Jerusalén, personas de distintas regiones escucharon el mensaje en sus propias lenguas. Este acontecimiento concuerda con la promesa de Jesús de enviar a sus testigos hasta los confines de la tierra. El evangelio debe comunicarse de forma comprensible, con respeto por las personas y prestando atención a la lengua en la que viven, piensan y hacen preguntas.

Por eso, recordar Pentecostés también nos lleva a orar por los pueblos no alcanzados. Los pueblos no alcanzados son grupos étnicos en los que la comunidad cristiana local, cuando existe, todavía es demasiado pequeña para llevar el evangelio a todo su pueblo sin ayuda externa. Podemos interceder por la traducción de la Biblia, por cristianos que aprendan otras lenguas y por iglesias que preparen y sostengan a misioneros. Al elegir un pueblo por el que orar de manera constante, vinculamos la celebración con la responsabilidad de dar testimonio de Jesús.