Hijo de una madre bautista devota y de un padre que abandonó a la familia cuando él todavía era un niño, William Lloyd Garrison creció pobre en Newburyport, Massachusetts. De la fe de su madre heredó la certeza de que el evangelio exige justicia concreta, no solo devoción privada.
En 1829, a los 23 años, habló por primera vez contra la esclavitud en la Park Street Church, en Boston, llamándola «pecado nacional». Poco después, una denuncia contra un comerciante involucrado en el transporte de esclavizados le costó siete semanas de prisión en Baltimore, por difamación.
En 1831 fundó en Boston el periódico The Liberator. Allí rompió con la idea entonces común de la emancipación gradual: exigía libertad inmediata y sin indemnización a los amos, apoyado en la convicción de que todo ser humano tiene igual valor ante Dios. En la cabecera del periódico, exhibía el lema «Nuestro país es el mundo, nuestros conciudadanos son toda la humanidad».
Ayudó a fundar la New England Anti-Slavery Society, en 1832, y la American Anti-Slavery Society, en 1833, redactando la Declaración de Sentimientos de esta última. Su franqueza tenía un costo alto: en 1835 una multitud lo arrastró por las calles de Boston con una cuerda al cuello, casi linchándolo.
El radicalismo de Garrison también dividió a sus aliados. Insistió en incluir a mujeres en el liderazgo del movimiento, rompió con Frederick Douglass sobre si la Constitución de los Estados Unidos era proesclavista o antiesclavista y, en 1854, quemó el documento en una plaza pública: un gesto que muchos, dentro y fuera del abolicionismo, juzgaron excesivo.
También se alejó de la vida de las iglesias organizadas, a las que veía como omisas ante la esclavitud, y adoptó ideas de «perfeccionismo cristiano» que incomodaron incluso a compañeros de causa. Aun así, nunca abandonó el lenguaje bíblico ni la convicción de que la fe exige la denuncia pública de la injusticia.
Publicó el último número de The Liberator en diciembre de 1865, meses después de la aprobación de la 13ª Enmienda, que abolió la esclavitud en los Estados Unidos. Murió en 1879, en Nueva York, habiendo transformado la certeza de que todos son iguales ante Dios en un periódico, un movimiento y una reforma nacional.