Thomas Coke nació el 9 de septiembre de 1747 en Brecon, Gales, hijo de un boticario próspero. Se graduó en Oxford y siguió la carrera eclesiástica esperada de un joven de su clase, convirtiéndose en clérigo de la Iglesia Anglicana, sin imaginar que llegaría a ser uno de los mayores organizadores de misiones de la historia cristiana.
En 1776 conoció a John Wesley, fundador del metodismo, y pronto se convirtió en uno de sus colaboradores más cercanos. Su implicación con los métodos wesleyanos, la predicación al aire libre y las reuniones informales, le costó la parroquia: fue apartado del cargo en 1777 por desaprobación de la dirigencia anglicana local.
En 1784, Wesley lo consagró superintendente para organizar el metodismo en la América recién independizada. En la Conferencia de Navidad, en Baltimore, Coke y Francis Asbury lideraron la fundación de la Iglesia Metodista Episcopal, aunque el título de obispo, adoptado después por los estadounidenses, disgustó al propio Wesley.
Dos años después, una tormenta en el Atlántico desvió su barco, con destino a Nueva Escocia, hacia la isla de Antigua. Allí Coke encontró una comunidad metodista ya formada desde hacía décadas, iniciada por el plantador Nathaniel Gilbert en la década de 1760 y ampliada por el predicador John Baxter a partir de 1778. Coke decidió apoyar ese trabajo con el primer envío formal de misioneros y recursos organizados por el metodismo británico, sentando las bases del sistema misionero metodista fuera de Europa y de América.
En las décadas siguientes, cruzó el Atlántico nueve veces y visitó repetidamente las Indias Occidentales, creando el primer sistema de suscripción anual para sostener a los misioneros enviados por el metodismo. Financió buena parte de esos viajes y del trabajo misionero con recursos propios y, más tarde, con la fortuna de su esposa.
Su liderazgo también tuvo tropiezos. En 1791, sin consultar a Asbury ni a la Conferencia estadounidense, propuso en secreto la unión entre metodistas y la Iglesia Episcopal Protestante; cuando la correspondencia salió a la luz, años después, socavó la confianza que muchos líderes estadounidenses depositaban en él.
A los 66 años, ya viudo dos veces, usó buena parte de su patrimonio para financiar una última expedición, rumbo a Ceilán, el actual Sri Lanka. Murió en el mar el 2 de mayo de 1814 y fue sepultado en el océano Índico, sin alcanzar el destino.
Coke es recordado como el padre de las misiones metodistas: el impulso organizacional que dio al trabajo en el Caribe se multiplicó en sociedades misioneras que hoy alcanzan decenas de países, señal de que un llamado tardío, sostenido con sacrificio personal, puede dar frutos por generaciones.