Quien alguna vez se haya preguntado si la oración realmente cambia algo encuentra en Reuben Archer Torrey un interlocutor sin rodeos. Enseñó a multitudes a orar con convicción y pagó, en su propia historia, el precio de llevar esa convicción al límite.
Nacido en Hoboken, Nueva Jersey, en 1856, hijo de un banquero, Torrey se graduó en Yale en 1875 y en la Facultad de Teología de Yale en 1878. Se convirtió en pastor congregacional en Garrettsville, Ohio, y luego profundizó sus estudios teológicos en Alemania, en Leipzig y Erlangen, entre 1882 y 1883.
En 1889, el evangelista D.L. Moody lo llamó para dirigir el nuevo instituto bíblico de Chicago, hoy Moody Bible Institute. Torrey moldeó el currículo de la escuela, con fuerte énfasis en el trabajo práctico, y sirvió como superintendente hasta 1908, además de pastorear la Chicago Avenue Church a partir de 1894.
Su fe en la oración tuvo un costo doloroso. En 1898, convencido de que la oración bastaría para curar a su hija de la difteria, Torrey se resistió a buscar ayuda médica. Cuando el cuadro empeoró, entró en pánico y llamó a un médico, pero ya era tarde: la niña murió. Torrey lidió con la culpa atribuyendo la pérdida a su propia falta de fe, no a la demora en buscar tratamiento, y el episodio alimentó críticas dentro del ambiente evangélico de Chicago.
Entre 1902 y 1906, Torrey recorrió el mundo junto al cantante Charles Alexander en campañas de avivamiento en Australia, Asia y el Reino Unido. Las reuniones congregaron multitudes y resultaron, según los relatos de la época, en decenas de miles de conversiones.
De 1912 a 1924, fue el primer decano del Bible Institute of Los Angeles, hoy Biola University, y a partir de 1915 también primer pastor de la Church of the Open Door. Editó los volúmenes finales de The Fundamentals, serie que dio nombre al movimiento fundamentalista, y se hizo conocido como un polemista contundente contra sus adversarios teológicos.
Escribió más de 40 libros, entre ellos How to Pray y How to Bring Men to Christ, manuales de oración y evangelismo personal todavía impresos y traducidos. Murió en Asheville, Carolina del Norte, en 1928, dejando una generación de obreros formados por su método directo.
Su vida recuerda que la convicción teológica y la humildad personal deben ir de la mano, algo que el propio Torrey aprendió de la forma más dura. Los institutos bíblicos que ayudó a moldear siguen formando obreros para el evangelio alrededor del mundo.