Un joven estudiante de derecho en París que, tomado por una convicción repentina, abandona la carrera jurídica para dedicar su vida a la teología: así comienza la historia de Juan Calvino, uno de los nombres más decisivos de la Reforma Protestante.
Calvino nació el 10 de julio de 1509, en la ciudad de Noyon, Francia. Estudió derecho y humanidades en París, Orleans y Bourges, formación que más tarde moldearía su método riguroso de interpretar las Escrituras.
Hacia 1533, vivió lo que él mismo llamó una conversión súbita, rompiendo con la Iglesia Católica Romana. Perseguido en Francia, se refugió en Ginebra en 1536, el mismo año en que publicó la primera edición de su obra Institución de la Religión Cristiana.
Expulsado de Ginebra en 1538 por conflictos con el consejo de la ciudad, pasó tres años en Estrasburgo como pastor de refugiados franceses. Allí se casó con Idelette de Bure, viuda con quien vivió hasta la muerte de ella, en 1549, y a quien llamó la mejor compañera de su vida.
En 1541, regresó a Ginebra por invitación de los propios ginebrinos y pasó a organizar la iglesia local con las Ordenanzas Eclesiásticas, creando un sistema de consejos y disciplina que se convertiría en modelo para el presbiterianismo reformado.
No todo en su liderazgo es motivo de orgullo. En 1553, el médico y teólogo español Miguel Servet fue juzgado y quemado en Ginebra por herejía, con aprobación pública de Calvino, quien años antes había llegado a escribir que jamás lo dejaría salir vivo de la ciudad. El episodio es hoy reconocido como una mancha seria en su trayectoria, fruto de la intolerancia religiosa común en la época, pero de la cual Calvino no puede ser eximido.
Ya en 1557, pastores enviados por Calvino desde Ginebra integraron la primera expedición protestante rumbo a Brasil, en la Bahía de Guanabara. Dos años después, en 1559, fundó también la Academia de Ginebra, escuela que formaría y enviaría a más de cien pastores hacia Francia y otras partes de Europa en las décadas siguientes.
Calvino murió en Ginebra el 27 de mayo de 1564, dejando decenas de comentarios bíblicos y una teología sistemática que atravesó siglos. Su énfasis en la predicación, el estudio de las Escrituras y el envío de obreros ayudó a moldear el impulso misionero que el protestantismo llevaría al mundo entero.