Pocos libros de espiritualidad cristiana exigen tanto esfuerzo mental como La Divina Conspiración, del filósofo estadounidense Dallas Willard. Él creía que la fe exige tanto el corazón como la mente, y que vivir como discípulo de Jesús es aprender, día tras día, a pensar y actuar como él pensaría y actuaría en nuestro lugar.
Willard nació el 4 de septiembre de 1935, en Buffalo, Misuri, Estados Unidos. Se graduó en psicología por Tennessee Temple College en 1956, año en que también fue ordenado ministro bautista, y al año siguiente concluyó otra licenciatura, en filosofía y religión, por Baylor University. Pronto sintió el llamado a la vida académica.
Se doctoró en filosofía por la Universidad de Wisconsin en 1964, con una investigación sobre el filósofo alemán Edmund Husserl, cuyas obras ayudó a traducir al inglés. Al año siguiente comenzó a enseñar en la Universidad del Sur de California (USC), donde permanecería durante 47 años, llegando a encabezar el departamento de filosofía.
En la década de 1970, en la pequeña iglesia cuáquera donde su esposa Jane tocaba el órgano, Willard trabó amistad con el joven pastor Richard Foster. Juntos fundarían en 1988 el movimiento Renovaré, dedicado a la formación espiritual cristiana, reuniendo tradiciones protestantes y católicas en torno a las disciplinas espirituales.
Su obra más influyente, La Divina Conspiración (1998), elegida Libro del Año por la revista Christianity Today, defendía que el evangelio anunciado por Jesús es, ante todo, una invitación a vivir hoy bajo el gobierno de Dios, no solo una garantía para después de la muerte.
Willard también escribió El Espíritu de las Disciplinas, Renovación del Corazón y La Gran Omisión, insistiendo en que seguir a Cristo es un proceso activo de formación del carácter, no un evento único. Algunos críticos evangélicos, vinculados a corrientes más tradicionales sobre la salvación por gracia, acusaron a Willard de acercar demasiado el discipulado y el esfuerzo personal, temiendo que su énfasis en las disciplinas espirituales abriera espacio a una salvación por obras; Willard respondía que el esfuerzo y la gracia no se oponen, y que la acción es receptáculo de la gracia, no su sustituto.
Diagnosticado con cáncer en etapa avanzada, Willard murió el 8 de mayo de 2013, en el Kaiser Hospital de Woodland Hills, California, pocos días después de anunciar públicamente la enfermedad a alumnos y amigos, dejando esposa, hijos y nietos.
Sus libros siguen formando a pastores, líderes y misioneros alrededor del mundo, que buscan unir el pensamiento cuidadoso y la vida espiritual profunda. Para Willard, el discipulado era, ante todo, un aprendizaje práctico bajo el maestro Jesús, y no solo una doctrina que debía aceptarse.