Pocos predicadores llegaron al púlpito por un camino tan improbable como David Martyn Lloyd-Jones. Nacido en Cardiff, en el País de Gales, en 1899, parecía destinado a una brillante carrera médica en Londres, como asistente del médico del rey, y no a una vida entera dedicada a los sermones.
Entre 1923 y 1924, siendo todavía un joven médico de prestigio, vivió una conversión personal que cambió por completo sus planes. Al observar pacientes curados en el cuerpo pero perdidos por dentro, concluyó que la enfermedad más grave de aquellas vidas era espiritual, no física, y que solo el evangelio podía tratarla.
En 1927 dejó la medicina, se casó con Bethan Phillips y asumió un pequeño pastorado en Sandfields, Aberavon, en el País de Gales, entre obreros de la siderúrgica local. Once años después, se trasladó a la Westminster Chapel, en Londres, donde predicaría durante casi tres décadas seguidas.
Allí, Lloyd-Jones rescató un estilo de predicación que parecía en extinción: sermones largos, expuestos capítulo a capítulo, sin concesiones al entretenimiento popular que dominaba otros púlpitos. Multitudes pasaban años escuchando la misma carta bíblica siendo explicada, versículo tras versículo, en un solo aliento semanal.
Su exposición de Romanos, predicada los viernes entre 1955 y 1968, sumó 366 sermones sobre una sola carta, la serie más larga y detallada de toda su vida pastoral. Efesios recibió un tratamiento semejante los domingos, entre 1954 y 1962, publicado más tarde en ocho volúmenes que se convirtieron en referencia.
En 1966, un discurso público en el que pidió a los evangélicos que abandonaran las denominaciones teológicamente liberales lo puso en rumbo de colisión con John Stott, quien discrepó de él públicamente en el mismo escenario. El episodio dividió al evangelicalismo británico durante décadas, muchos historiadores lo señalan como un error de juicio que fragmentó alianzas que se venían construyendo, y todavía hoy se recuerda con pesar.
Como consejero cercano del recién fundado Banner of Truth Trust, ayudó a devolver al lector evangélico obras puritanas olvidadas desde hacía siglos. Se retiró de la Westminster Chapel en 1968, poco después de una cirugía, pero siguió escribiendo y revisando sermones para su publicación hasta el fin de su vida.
Murió en Ealing, Londres, en 1981, el día de San David. Hoy, miles de sus predicaciones grabadas continúan formando pastores que aprendieron con él que exponer la Biblia con seriedad y pasión sigue siendo la tarea central de todo púlpito, en cualquier nación.