El valle de Sorec quedaba en la Sefela, la franja de colinas bajas que separaba el territorio de Judá de la llanura filistea. Un arroyo estacional cruzaba la región, y el nombre del lugar venía de una vid fina, de uvas rojizas, que allí crecía.
La Biblia menciona el valle una única vez, en Jueces 16:4. Fue en ese lugar donde Sansón, juez de Israel, conoció y se enamoró de Dalila, una mujer filistea.
Ese amor se convertiría en la puerta de entrada para la traición que le costó a Sansón los ojos y, al final, la propia vida. El texto no cuenta más nada sobre el valle en sí, solo lo registra como el escenario de esa decisión.
Sorec recuerda que lugares comunes pueden convertirse en escenario de decisiones decisivas, para bien o para mal.
