Ebal y Gerizim son dos montes que se levantan uno frente al otro, separados por un valle estrecho donde se encontraba la ciudad de Siquem, en la región montañosa de Efraín.
Antes de que Israel entrara en la tierra prometida, Moisés ordenó que, al llegar allí, el pueblo se dividiera entre los dos montes: seis tribus subirían al Gerizim para proclamar las bendiciones de la alianza, y seis subirían al Ebal para proclamar las maldiciones.
Josué cumplió esa orden en cuanto comenzó la conquista de Canaán. Construyó un altar de piedras en el monte Ebal, ofreció sacrificios al Señor y copió allí la ley de Moisés. Con el pueblo situado entre los dos montes, leyó en voz alta todas las bendiciones y maldiciones de la alianza.
Más tarde, en el tiempo de los jueces, Jotam subió a la cima del monte Gerizim para gritar su parábola a los hombres de Siquem, denunciando la traición de Abimelec contra la familia de Gedeón.
Los dos montes recuerdan que la alianza con Dios traía una elección real: obediencia y bendición, o rebeldía y maldición. El propio paisaje predicaba ese sermón.
