Gilgal fue el primer lugar donde Israel acampó después de atravesar el río Jordán y entrar en la tierra prometida. Allí Josué levantó doce piedras tomadas del lecho del río, un memorial para que las generaciones futuras recordaran cómo Dios abrió camino para el pueblo.
Fue también en Gilgal donde la nueva generación nacida en el desierto fue circuncidada, y donde Israel celebró la primera Pascua en Canaán. Al día siguiente el maná cesó, señal de que el tiempo del desierto había terminado.
Siglos después, Gilgal volvió a cobrar relevancia cuando Saúl fue proclamado rey allí, delante del Señor. En el mismo lugar, sin embargo, Samuel reprendió a Saúl por un sacrificio indebido y, más tarde, ejecutó al rey amalecita Agag.
Con el tiempo, Gilgal se convirtió en un centro de culto que los profetas Oseas y Amós denunciaron como escenario de idolatría y rituales vacíos. El lugar que comenzó como memorial de la fidelidad de Dios terminó como advertencia sobre la religiosidad sin obediencia.
