Éxodo continúa la historia comenzada en Génesis y muestra a Dios cumpliendo la promesa hecha a Abraham. Una familia de setenta personas se multiplica en Egipto, pero pasa a vivir bajo una dura esclavitud.
En ese escenario de sufrimiento, Dios levanta a Moisés, un hombre criado en el palacio egipcio y luego exiliado en el desierto. En la zarza ardiente, él recibe la misión de confrontar al faraón y liberar al pueblo de Dios.
Las diez plagas muestran que el Señor es mayor que cualquier poder egipcio. En la noche de la Pascua, la sangre del cordero protege a las familias israelitas, y el pueblo finalmente deja la esclavitud rumbo a la libertad.
El cruce del mar Rojo es el punto culminante de la liberación. Dios abre un camino donde no había salida y libra a su pueblo del ejército que lo perseguía.
En el monte Sinaí, Dios propone un pacto a Israel y entrega los Diez Mandamientos. La ley enseña cómo vivir como pueblo de Dios, en santidad, justicia y amor al prójimo.
Aun después de tantos milagros, el pueblo peca al adorar un becerro de oro mientras Moisés todavía está en el monte. Dios se enoja, pero también perdona, revelando un carácter de paciencia y misericordia.
La segunda mitad del libro detalla la construcción del tabernáculo, el lugar donde Dios pasaría a habitar visiblemente entre su pueblo. Cada pieza y cada medida apuntan a la seriedad de acercarse a un Dios santo.
Éxodo revela a un Dios que oye el clamor de los oprimidos, cumple sus promesas y desea morar cerca de quien confía en él. Vale la pena leer este libro para conocer al Dios que libera y que hoy todavía camina con su pueblo.