3 Juan es la carta más corta del Nuevo Testamento. En pocas líneas, sin embargo, encierra una invitación enorme: vivir y servir en la verdad, en el día a día común de la iglesia.
El apóstol Juan, ya anciano, escribe a un amigo personal llamado Gayo. Se identifica solo como “el presbítero”, el anciano, y trata a Gayo con un cariño que atraviesa los siglos.
Juan cuenta lo que más lo alegra: saber, por el relato de otros hermanos, que Gayo sigue andando en la verdad. Para un pastor, pocas noticias valen más que esa.
La carta elogia también la generosidad de Gayo. Él recibe y sostiene a hermanos que viajan anunciando el evangelio, aun sin conocerlos personalmente antes.
Pero no todo en la iglesia iba bien. Un hombre llamado Diótrefes gustaba de ser el primero en todo. Rechazaba la autoridad de Juan, hablaba mal de él y hasta expulsaba de la iglesia a quien quisiera acoger a los hermanos itinerantes.
Juan no duda en llamar esto por su nombre correcto. Buscar poder y excluir personas no es liderazgo según Dios, aun cuando se ocupe un lugar destacado en la iglesia.
En contraste, Demetrio recibe un elogio sencillo: todos hablan bien de él, y la misma verdad da testimonio a su favor. Una vida coherente habla más alto que cualquier discurso.
Detrás de estas pocas historias hay una pregunta que sigue vigente. ¿Cómo tratamos a quien sirve al evangelio, y cómo lidiamos con quien busca controlar dentro de la iglesia?
3 Juan muestra que hospitalidad, humildad y fidelidad a la verdad caminan juntas. Lea esta carta breve y descubra cómo pequeños gestos de amor sostienen grandes causas del Reino de Dios.