Johanry - Wikimedia, CC BY-SA 4.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los tausug son un pueblo del mar, originario de la isla de Joló, en el archipiélago de Sulú, en el sur de Filipinas, desde donde se extendieron hacia Borneo y hacia la costa de Malasia. Su propio nombre, que significa algo así como “gente de la corriente marina”, revela la vocación de navegantes, pescadores y comerciantes que los acompaña desde hace siglos.
Durante mucho tiempo fueron el pueblo central del Sultanato de Sulú, uno de los reinos más organizados e influyentes del archipiélago filipino, y esa memoria de realeza y soberanía sigue viva en la forma en que se ven a sí mismos hasta hoy: un pueblo con historia propia, lengua propia y orgullo de su identidad musulmana y guerrera.
Son conocidos por el arte de la danza pangalay, por la música del kulintang y por una cultura visual rica en bordados, tallados y caligrafía, expresiones de un pueblo que siempre estuvo en el cruce de rutas comerciales entre Asia y el mundo malayo.
La presencia tausug en Sulú se remonta al menos al siglo XI, cuando grupos venidos del norte de Mindanao se establecieron en la región, favorecidos por la posición estratégica de las islas en las rutas de comercio entre árabes, chinos, malayos e indonesios. En el siglo XIV, la llegada de un predicador musulmán a la isla marcó la conversión del pueblo al islam, que se convertiría en el centro de su identidad.
En el siglo XV nació el Sultanato de Sulú, uniendo a los tausug y a los pueblos vecinos bajo un solo gobierno. La resistencia prolongada a los colonizadores españoles, sostenida por generaciones, forjó una reputación de pueblo guerrero e independiente que los tausug llevan hasta hoy como parte esencial de quiénes son.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Filipinas No alcanzado
|
85,9%
|
1.616.000 |
Malasia No alcanzado
|
12,9%
|
243.000 |
Indonesia No alcanzado
|
1,2%
|
23.000 |
La vida tausug siempre estuvo ligada al mar: la pesca, el comercio marítimo y, históricamente, el buceo en busca de perlas sostuvieron familias enteras por generaciones. Muchos todavía viven de la faena del mar o del comercio entre islas, y la habilidad como navegantes sigue siendo parte del modo de vida.
El honor y la lealtad al clan organizan las relaciones sociales, y los conflictos entre familias pueden prolongarse por años como cuestión de dignidad. En las fiestas y celebraciones, la danza pangalay y el sonido del kulintang, un conjunto de gongs, marcan los momentos importantes de la comunidad.
Las familias suelen vivir cerca de una mezquita común, en torno a la cual se organiza la vida comunitaria, y los matrimonios todavía suelen ser acordados entre los padres de los novios.
Los tausug siguen el islam sunita de la escuela shafi’i, y la fe está entrelazada con la propia historia del pueblo desde la fundación del Sultanato de Sulú: ser tausug es, en la práctica cotidiana, ser musulmán. Las cinco oraciones diarias y los demás pilares del islam se observan con más constancia entre los mayores, guardianes de la tradición.
Desde la infancia, los hijos aprenden a leer el Corán, y los muchachos pasan por la circuncisión aún en la adolescencia como marca de pertenencia a la comunidad. Junto a la práctica islámica formal, permanecen creencias populares en espíritus y fuerzas que habitan el mar y la tierra, herencia de capas culturales anteriores a la llegada del islam, que se suman a la fe musulmana sin sustituirla.
El Nuevo Testamento está traducido al tausug desde finales de la década de 1990, y partes del Antiguo Testamento, como Salmos, Proverbios y el libro de Jonás, también ya han sido traducidas a la lengua. Existen además grabaciones en audio y la película JESÚS en lengua tausug, caminos importantes en un pueblo donde la oralidad pesa más que la lectura. Aun así, para la inmensa mayoría, estos recursos siguen siendo desconocidos o distantes del día a día.
Entre los tausug, la identidad musulmana se confunde con la propia identidad étnica y con la memoria de un sultanato que resistió siglos de dominación extranjera: abandonar el islam se ve como abandonar al propio pueblo. A ese peso identitario se suman décadas de conflicto armado en Sulú y Mindanao, que aislaron la región, dificultaron el acceso de extraños y dejaron marcas profundas de desconfianza y violencia que alcanzan también a comunidades cristianas vecinas.
Generaciones marcadas por el conflicto armado dejaron huérfanos, familias desplazadas y comunidades enteras necesitadas de seguridad, de reconstrucción económica y de oportunidades para los jóvenes. Hay una necesidad urgente de una paz duradera entre vecinos de fes diferentes que ya compartieron décadas de convivencia antes de que se instalara la violencia.
En el plano espiritual, la comunidad cristiana entre los tausug es prácticamente inexistente, y los pocos que creen en Jesús enfrentan aislamiento y necesitan acompañamiento, discipulado y hermanos que caminen a su lado.
A pesar del aislamiento, ya existen pequeños grupos de tausug que creen en Jesús y se reúnen para crecer juntos en la fe, buscando ser testigos fieles ante su propia familia y sus amigos. En medio de episodios de violencia que alcanzaron incluso templos en Joló, líderes religiosos de ambas fes han afirmado públicamente que la convivencia entre musulmanes y cristianos en la región es más fuerte que cualquier ataque.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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