Adam Jones - Flickr, CC BY 2.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los pasis kaithwan son una rama del amplio pueblo pasi del norte de la India, concentrado en la región de Awadh, en Uttar Pradesh, y presente también en Bihar, Madhya Pradesh, Punjab, Bengala Occidental, Jharkhand y otros varios estados indios.
Su identidad nace de un oficio antiguo: por generaciones, los pasis extrajeron la savia de las palmeras para fermentarla en bebida y criaron cerdos, actividades vistas como impuras tanto por hindúes como por musulmanes y que los ubicaron entre los grupos más marginados de la jerarquía social india. Aun así, el nombre pasi lleva consigo una leyenda de origen que los vincula a un guerrero mítico, un relato que otorga dignidad y orgullo a un pueblo históricamente empujado hacia los márgenes.
Divididos en subgrupos como gujjar, kaithwan y boria, hablan principalmente hindi, además de lenguas regionales como bhojpuri, magahi y awadhi, lo que refleja la diversidad lingüística de las comunidades en las que están insertos.
La tradición del pueblo se remonta a una leyenda según la cual Parashurama, avatar de Vishnú, habría creado guerreros a partir del sudor y de hierba sagrada para proteger a las vacas de los invasores, dando origen al nombre pasi, ligado a la palabra hindi para sudor. Ese relato buscaba acercar al grupo a un pasado guerrero y de castas superiores, aun cuando su ocupación real, ligada a la extracción de savia de palmera, los mantenía clasificados entre los dalits. A lo largo de los siglos, los pasis se dispersaron por la llanura del Ganges, formaron las ramas gujjar, kaithwan y boria, y a comienzos del siglo veinte participaron en movimientos campesinos que reivindicaban mayor reconocimiento social.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
India No alcanzado
|
100%
|
918.000 |
La vida de la mayoría de los pasis kaithwan todavía gira en torno a la tierra y al trabajo manual, muchas veces en ocupaciones heredadas de los antepasados o en empleos urbanos que buscan escapar del estigma histórico ligado a la casta. La familia extendida y la comunidad de casta siguen siendo el principal punto de referencia social, y orientan los matrimonios, las fiestas y la resolución de conflictos internos.
Festividades hindúes como Holi, Diwali y Navratri marcan el calendario social y refuerzan los lazos entre familias y vecinos. En muchas regiones, la identidad de casta todavía determina el acceso a ciertos espacios, oficios y relaciones, y romper esas barreras exige tiempo, educación y cambio generacional.
Los pasis kaithwan son mayoritariamente hindúes, y su fe se expresa tanto en los grandes templos como en santuarios locales dedicados a divinidades y héroes populares, incluyendo figuras ligadas a la propia leyenda de origen del pueblo. El culto a los ancestros y la devoción a divinidades protectoras de la aldea conviven con las prácticas del hinduismo más amplio.
Por pertenecer a una casta históricamente tratada como intocable, muchos enfrentan restricciones no escritas para participar en rituales en templos dominados por castas superiores, lo que los ha llevado a desarrollar formas propias de devoción, más ligadas al hogar, a la comunidad y a los santuarios de barrio que a los grandes centros religiosos.
El hindi, lengua mayoritaria entre los pasis kaithwan, cuenta con la Biblia completa traducida desde hace muchas generaciones, además de Nuevo Testamento, aplicaciones, audio y videos disponibles en abundancia. El desafío no es la falta de traducción, sino la distancia: pocos pasis kaithwan han escuchado alguna vez estas Escrituras leídas o explicadas dentro de su propia realidad social, y el estigma de casta dificulta el contacto directo con comunidades cristianas ya existentes que hablan la misma lengua.
Entre los pasis kaithwan, la barrera más fuerte es el peso de la casta: siglos de exclusión social crearon tanto el aislamiento de afuera hacia adentro, por el rechazo de castas superiores, como la cohesión de adentro hacia afuera, en la que abandonar la religión de la familia se ve como abandonar a la propia comunidad. La dispersión del pueblo en decenas de lenguas regionales, sumada a la ausencia casi total de creyentes e iglesias que compartan su origen y su historia de marginación, hace que sea raro el primer contacto con el evangelio contado por alguien que comprenda esa realidad desde dentro.
Superar el estigma de siglos de exclusión social exige más que un cambio de leyes: pide dignidad reconocida, acceso a la educación y oportunidades que rompan el ciclo heredado de la casta. Espiritualmente, los pasis kaithwan necesitan escuchar que su valor no depende del nacimiento ni del oficio, sino de ser amados y llamados por Dios tal como son.
Falta también quien anuncie ese mensaje en términos que tengan sentido dentro de la propia cultura pasi, con paciencia para construir confianza allí donde la desconfianza hacia quien viene de afuera es, históricamente, una cuestión de supervivencia.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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