Mark Navales - Flickr, CC BY 2.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los maguindanao viven en las tierras bajas y anegadizas del centro-sur de la isla de Mindanao, en Filipinas, a lo largo de la cuenca del río Pulangi. Su propio nombre significa algo así como “pueblo de la planicie inundada”, una referencia directa al paisaje que ha moldeado su modo de vida a lo largo de los siglos. Son el mayor entre los pueblos musulmanes filipinos conocidos colectivamente como moro, y mantienen una identidad fuerte, ligada tanto a la fe islámica como a una historia de reino propio.
Hablan el maguindanaon, lengua de la familia austronesia emparentada con el maranao y el iranun, y cultivan una cultura material rica: son conocidos como herreros hábiles, productores de espadas ceremoniales de hoja ondulada y de gongs usados en sus celebraciones. La música kulintang, tocada en conjuntos de gongs, es uno de los símbolos más reconocibles de su identidad cultural hasta hoy.
La tradición local cuenta que los antepasados de los maguindanao vivían junto a los teduray en las tierras bajas de Cotabato antes de la llegada de predicadores islámicos. A comienzos del siglo XVI, el jerife Muhammad Kabungsuwan, descrito como un predicador de origen árabe y malayo ligado a la casa real de Malaca, convirtió a la población al islam y fundó el Sultanato de Maguindanao. Bajo el sultán Kudarat, el reino llegó a extender su influencia desde Zamboanga, al oeste, hasta Davao, al este, convirtiéndose en una de las potencias políticas más importantes del sur de Filipinas.
Ese recuerdo de sultanato propio sigue vivo en la identidad del pueblo, incluso después de siglos de cambios políticos que incorporaron Mindanao al Estado filipino moderno.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Filipinas No alcanzado
|
100%
|
1.389.000 |
Tradicionalmente ligados a las vías fluviales para el transporte, el comercio y la comunicación, los maguindanao desarrollaron una agricultura de arroz de regadío en las planicies anegadas que dan nombre al pueblo, produciendo buena parte de su propio alimento. La sociedad está organizada en torno a la familia extensa y a una jerarquía social en la que descender de la antigua realeza maguindanao confiere mayor prestigio.
La vida comunitaria gira en torno a la mezquita, las celebraciones islámicas y una rica tradición oral, que incluye cuentos populares y adivinanzas de respuestas deliberadamente ambiguas, usadas como entretenimiento y ejercicio de ingenio entre los mayores y los jóvenes.
Los maguindanao son casi enteramente musulmanes sunitas, y siguen los cinco pilares del islam: profesar la fe, orar cinco veces al día orientados hacia La Meca, ayunar en el Ramadán, dar limosna y procurar la peregrinación a La Meca cuando sea posible. La fe islámica no es solo una religión personal, sino el eje en torno al cual se organiza toda la vida comunitaria y política del pueblo.
Junto a la práctica islámica formal, se mantienen elementos de la tradición local, incluido el reconocimiento de espíritus de la naturaleza, que conviven con la ortodoxia sunita sin contradicción percibida por la mayoría de las familias.
El Nuevo Testamento en maguindanaon fue concluido y publicado, pero la Biblia completa aún no existe en la lengua del pueblo. Como la fe y la identidad están profundamente entrelazadas, pocos maguindanao han tenido contacto con estas Escrituras, y es menor todavía el número de los que las han leído con atención. La ausencia de la Biblia completa y de una tradición de lectura bíblica entre ellos deja a la mayor parte del pueblo sin acceso real al mensaje cristiano en su propia lengua.
Ser maguindanao es, en la práctica, ser musulmán: la fe islámica está fusionada con la memoria del antiguo sultanato y con la identidad étnica, de modo que abandonar el islam se ve como traicionar no solo la religión, sino a la familia y al pueblo. A esto se suma el recuerdo histórico de conflictos con filipinos católicos, vistos por muchos como rivales políticos y culturales, lo que hace asociar el cristianismo con una identidad extranjera y adversaria, y no con una fe que pueda vivirse sin renunciar a ser maguindanao.
Décadas de conflicto armado en zonas de Mindanao han dejado huellas de desplazamiento, inseguridad y pérdida entre las familias maguindanao, junto a las dificultades comunes a las comunidades agrícolas de las planicies anegadas. Existe una necesidad real de paz duradera y de reconstrucción de la confianza entre comunidades vecinas de fes diferentes.
En el campo espiritual, al pueblo le falta la oportunidad de conocer a Jesús de una manera que no parezca una importación de la cultura católica filipina, históricamente asociada a antiguos conflictos. Pocos maguindanao tienen hoy algún vínculo con un cristiano maguindanao o con una comunidad de fe que hable su propia lengua y comprenda su propia cultura.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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