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Alex Proimos - Wikimedia, CC BY 2.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los judíos jasídicos forman una de las ramas más visibles del judaísmo ortodoxo asquenazí, reconocidos por la búsqueda de alegría e intimidad con Dios en la vida diaria. Muchos hombres usan abrigo largo y sombrero, y las mujeres se cubren el cabello después de casarse, una señal de identidad que los distingue a primera vista en cualquier ciudad donde vivan.
Están concentrados sobre todo en Israel y en los Estados Unidos, con comunidades también en Canadá, el Reino Unido, Bélgica, Francia, Australia y Rusia. Se organizan en cortes o dinastías, cada una reunida en torno a un rebe, el líder espiritual cuya palabra orienta desde decisiones cotidianas hasta cuestiones de fe.
El ídish sigue vivo como lengua del hogar y de la escuela en buena parte de esas familias, un vínculo directo con la Europa Oriental de donde vinieron sus antepasados. La vida en comunidad cerrada, unida por la fe y el parentesco, es lo que sostiene esa identidad desde hace más de doscientos años.
El movimiento nació a mediados del siglo XVIII en la región de Ucrania y Polonia, en un tiempo en que buena parte de los judíos vivía bajo un rígido formalismo religioso. Israel ben Eliezer, conocido como Baal Shem Tov, propuso un camino de fe más cercano al corazón, accesible también a quienes no dominaban los estudios eruditos, y reunió en torno a sí a los primeros discípulos.
De ahí surgieron las grandes dinastías, como Jabad-Lubavitch, Satmar, Ger, Belz y Breslov, varias de ellas bautizadas con el nombre de la ciudad de origen en Europa Oriental. El Holocausto diezmó esas comunidades, pero los sobrevivientes las reconstruyeron en Israel y en los Estados Unidos, donde florecen hasta hoy.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Israel No alcanzado
|
47,5%
|
516.000 |
Estados Unidos No alcanzado
|
41,1%
|
446.000 |
Canadá No alcanzado
|
3,8%
|
41.000 |
Reino Unido No alcanzado
|
3%
|
33.000 |
Bélgica No alcanzado
|
2%
|
22.000 |
Francia No alcanzado
|
1,6%
|
17.000 |
Australia No alcanzado
|
0,7%
|
7.800 |
Rusia No alcanzado
|
0,3%
|
3.600 |
El día comienza y termina con oración, y los hombres suelen orar tres veces al día, además de buscar la inmersión ritual como práctica de purificación espiritual. Las familias suelen ser numerosas, muchas veces con ocho o más hijos, y la vida gira en torno a la sinagoga, la escuela religiosa y la observancia rigurosa del sábado y de las leyes alimentarias.
Barrios como Brooklyn en Nueva York, Bnei Brak y partes de Jerusalén concentran grandes comunidades jasídicas, donde los vecinos comparten la misma lengua, las mismas costumbres y la misma lealtad a un rebe. La hospitalidad dentro de la comunidad es fuerte, aunque el contacto con el mundo exterior sea deliberadamente limitado.
Son judíos ortodoxos practicantes, para quienes el estudio de la Torá y del Talmud ocupa un lugar central, pero el jasidismo añadió a ese estudio un énfasis en la alegría, el canto y la danza como caminos de acercamiento a Dios. La idea de devekut, un apego continuo a lo divino en cada gesto de la vida cotidiana, marca la espiritualidad del grupo.
El rebe de cada dinastía es visto no solo como líder, sino como alguien dotado de un discernimiento espiritual especial, cuya bendición y consejo se buscan en las decisiones importantes de la vida. Guardar los mandamientos con precisión es, para ellos, tanto expresión de fe como marca de pertenencia al pueblo.
El texto sagrado central para los judíos jasídicos es la Torá, leída y reverenciada en hebreo, junto con siglos de comentarios rabínicos que moldean su interpretación. A lo largo del siglo XX, judíos que llegaron a creer en Jesús produjeron traducciones del Nuevo Testamento en ídish, pero esas ediciones circulan al margen de las comunidades jasídicas y rara vez llegan a las familias, que preservan sus propias fuentes de estudio transmitidas de generación en generación.
Entre los judíos jasídicos, la identidad religiosa se confunde con la identidad de pueblo: nacer judío ya es pertenecer a una historia y a una comunidad específicas, y abrazar a Jesús se entiende como abandonar toda esa herencia, no solo cambiar de creencia. Quien lo hace suele ser apartado de la familia, a veces de forma definitiva, lo que hace que la decisión sea extremadamente costosa. El aislamiento voluntario de estas comunidades respecto del mundo exterior también reduce las posibilidades de que llegue a darse cualquier conversación sobre la fe.
Como cualquier comunidad humana, los judíos jasídicos enfrentan desafíos de salud, educación y sustento dentro de familias numerosas, muchas veces con ingresos limitados. En el campo espiritual, existe una necesidad profunda de que el evangelio se presente de una manera que no le pida a nadie dejar de ser judío, sino que revele a Jesús como cumplimiento, y no negación, de la fe que ya profesan.
Quienes deciden seguir a Jesús necesitan, sobre todo, acogida y una comunidad que sustituya el vínculo familiar roto, sin que tengan que renunciar a su propia identidad judía.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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