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Pueblo no alcanzado Frontera
Los hui forman uno de los mayores pueblos musulmanes de China, presentes en prácticamente todo el país, aunque con mayor concentración en la región de Ningxia y en partes de Gansu, Henan, Yunnan y Qinghai. A diferencia de otras minorías chinas, los hui no tienen lengua propia: hablan mandarín como cualquier chino han, y es la fe islámica, no el idioma, lo que marca su identidad distinta.
Esa combinación poco común, chinos de nacimiento y cultura, musulmanes de fe, hace de los hui un pueblo de frontera dentro de su propio país: ni extranjeros, ni plenamente absorbidos por la mayoría han. Viven repartidos entre grandes ciudades y pequeñas aldeas rurales, unidos por mezquitas, barrios propios y una cocina halal reconocida en toda China.
Son descendientes de comerciantes árabes, persas y de Asia Central que se establecieron a lo largo de las rutas comerciales hace más de mil años, y hoy se ven, al mismo tiempo, como chinos de corazón y musulmanes de fe.
Las raíces de los hui se remontan a los comerciantes árabes y persas que llegaron a China por las rutas de la seda a partir del siglo VII, estableciéndose en puertos y ciudades a lo largo del camino. El flujo creció en el siglo XIII, cuando los mongoles, al conquistar Asia Central, trajeron consigo artesanos, soldados y administradores musulmanes que se establecieron en diversas regiones chinas.
Esos grupos se fueron mezclando con la población local, adoptando el mandarín y las costumbres chinas, pero preservando la fe islámica como vínculo común. Siglos de convivencia, matrimonios mixtos y migración interna formaron la identidad hui que existe hoy: un pueblo plenamente chino en la lengua y en las costumbres cotidianas, pero distinto por la religión que heredó de sus antepasados.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
China No alcanzado
|
98,2%
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13.646.000 |
Tailandia No alcanzado
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0,7%
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91.000 |
Taiwán No alcanzado
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0,4%
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55.000 |
RAE de Hong Kong (China) No alcanzado
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0,3%
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36.000 |
Arabia Saudí No alcanzado
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0,2%
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32.000 |
Singapur No alcanzado
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0,1%
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16.000 |
Malasia No alcanzado
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0,1%
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16.000 |
Myanmar (Birmania) No alcanzado
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0,1%
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9.000 |
La vida hui gira en gran parte en torno a la mezquita y al barrio: en muchas ciudades chinas hay un distrito hui reconocible por la arquitectura de las mezquitas y por los restaurantes qingzhen, como se llama al estándar halal en China. La cocina es una marca fuerte de la identidad del pueblo, con platos de cordero y res preparados sin carne de cerdo, vendidos en puestos y restaurantes que atienden tanto a hui como a han.
El calendario islámico organiza momentos importantes del año, como el mes de ayuno seguido por la fiesta que reúne a las familias para orar en la mezquita, visitar a los parientes y compartir comida. La vida familiar valora el respeto a los mayores y la transmisión de la fe de una generación a otra, incluso en medio de la acelerada urbanización de China.
Los hui son mayoritariamente musulmanes sunitas, y la mayor parte sigue la tradición islámica ortodoxa aprendida en las mezquitas locales. En algunas regiones, principalmente en Gansu, Ningxia y Qinghai, también florecieron hermandades sufíes que moldearon prácticas devocionales propias, con maestros espirituales y órdenes que se transmiten de generación en generación.
Para los hui, ser musulmán no es solo una opción religiosa, sino lo que los diferencia de los han y da sentido a su identidad dentro de China. Por eso la fe islámica funciona también como marcador étnico: mantener las costumbres religiosas es, al mismo tiempo, mantener viva la propia historia del pueblo.
Como los hui hablan mandarín, tienen acceso técnico a las diversas traducciones bíblicas chinas ya existentes, pero el lenguaje y los términos religiosos de esas versiones cargan asociaciones budistas y taoístas que suenan extrañas o incluso ofensivas a oídos musulmanes. Por eso se publicó una traducción de la Biblia dirigida específicamente a los hui, que ajusta términos como el nombre de Dios y otras palabras clave a la sensibilidad islámica del pueblo.
Para los hui, convertirse en seguidor de Jesús suele entenderse como abandonar la propia identidad étnica, no solo cambiar de religión. La presión familiar y comunitaria contra la conversión es fuerte, y el Estado chino, que en los últimos años amplió el control sobre mezquitas y expresiones islámicas en nombre de la llamada sinización de las religiones, vigila de cerca cualquier movimiento religioso fuera de los canales oficiales, dificultando también la formación de comunidades cristianas abiertas entre ellos.
Los hui necesitan de quien se acerque con respeto genuino por su historia y su fe, capaz de presentar a Jesús sin exigirles que dejen de ser hui para seguirlo. Falta, sobre todo, testimonio vivo y paciente dentro de la propia cultura, ya que la mayoría nunca tuvo contacto personal con un cristiano.
También es grande la necesidad de discipulado y de comunidad para los pocos que ya creen, pues muchos enfrentan aislamiento de la familia y del vecindario al alejarse de la vida de la mezquita.
Aunque los hui en su gran mayoría todavía no conocen el evangelio, ya existen pequeñas iglesias nacientes entre ellos en algunas regiones de China, formadas por hui que decidieron seguir a Jesús. El surgimiento de una traducción bíblica sensible a la cultura hui es también señal de que la Palabra está alcanzando a este pueblo de una manera que habla a su identidad.
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