Pueblo no alcanzado Frontera
Los fezara juhayna son un pueblo árabe del norte de Sudán, vinculado a las tribus baggara que pueblan la franja entre Kordofán y Darfur. Su identidad es, ante todo, una identidad de criadores de ganado: el propio nombre baggara viene de la palabra árabe para vaca, y es alrededor del rebaño que se organiza casi todo en la vida del grupo.
Hablan un dialecto árabe comprendido tanto por hablantes del árabe estándar como del árabe sudanés, lo que los conecta a una red más amplia de pueblos árabes de la región sin borrar sus rasgos propios. Viven principalmente en la porción norte del país, siguiendo un ritmo de vida moldeado por las estaciones y la búsqueda de pasto y agua.
Más que una tribu aislada, los fezara juhayna se ven como parte de un linaje árabe antiguo, y esa memoria de origen ayuda a explicar tanto su sentido de honor como su fuerte vínculo con el islam.
El linaje juhayna se remonta a las tribus nómadas de la península Arábiga, entre las mayores del gran grupo Banu Quda'a. La tradición del pueblo vincula su llegada a Sudán a sucesivas migraciones árabes que pasaron primero por Egipto antes de asentarse en el valle del Nilo y en las sabanas del interior.
Con el tiempo, esos grupos árabes se extendieron por Kordofán y Darfur y, al mezclarse con pueblos locales de pastores y adaptarse al ambiente de sabana, muchos dejaron el antiguo estilo de vida beduino del camello para convertirse en criadores de ganado, dando origen a la identidad baggara que los fezara juhayna comparten hasta hoy con otras tribus vecinas.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Sudán No alcanzado
|
100%
|
407.000 |
La vida gira en torno al ganado y al desplazamiento estacional en busca de pastura. Las familias se organizan en unidades de campamento llamadas furgan, que reúnen a personas ligadas por uno o más linajes familiares. Las casas son tiendas sencillas en forma de cúpula, fáciles de desmontar y transportar cuando llega el momento de mudarse con el rebaño.
Por la noche, las tiendas se disponen en círculo y el ganado se reúne en el centro, protegido del extravío y del robo. Ese arreglo circular resume bien la lógica del pueblo: la comunidad se cierra alrededor de aquello que sostiene su supervivencia.
Los fezara juhayna son musulmanes, y su vínculo con el islam es antiguo y profundo, y se remonta a los propios orígenes árabes del grupo. La fe islámica no es solo una creencia personal, sino parte de la identidad colectiva heredada junto con el linaje, la lengua y el modo de vida que pasa de generación en generación dentro de cada furgan.
Esa fusión entre religión y pertenencia étnica hace de la fe islámica un vínculo que une a las diferentes tribus baggara entre sí, incluso cuando disputan pasturas o entran en conflicto por otros motivos. Abandonar esa fe es, para la gran mayoría, algo impensable, pues equivaldría a romper con la propia familia y con la memoria de un pueblo que se ve como heredero directo de las antiguas tribus árabes.
Ya existen porciones de la Biblia, publicadas en el siglo pasado, y un Nuevo Testamento completo en árabe sudanés, lengua que los fezara juhayna entienden bien en su propio dialecto. Aun así, la Biblia completa en ese árabe sigue en preparación, sin fecha cierta de conclusión, y el alcance de esos textos entre un pueblo nómada, disperso en pequeños campamentos móviles por el norte de Sudán, lejos de iglesias y de cualquier estructura de enseñanza, sigue siendo muy limitado.
Ser fezara juhayna es, en la práctica, ser musulmán: la fe islámica está entrelazada con siglos de historia árabe y con el propio sentido de pertenecer al pueblo, lo que hace que cualquier acercamiento al evangelio de Cristo sea visto como una ruptura con el propio linaje. A esto se suma el nomadismo, que dispersa a las familias en campamentos móviles lejos de ciudades y de cualquier comunidad cristiana, y las tensiones constantes entre tribus de Sudán, que hacen la vida aún más inestable y cierran el espacio a voces de afuera.
Las disputas entre tribus por tierra, agua y pastura siguen cobrando un precio alto en vidas y estabilidad en el norte de Sudán, y la vida nómada dificulta el acceso a servicios básicos de salud y educación para familias que se desplazan todo el año detrás del rebaño, muchas veces lejos de cualquier puesto de atención.
En el campo espiritual, al pueblo le falta cualquier comunidad cristiana cercana o vivencia del evangelio en su propia lengua y cultura: hoy prácticamente no hay testimonio cristiano al alcance de los fezara juhayna, ni voces de dentro del propio pueblo que ya hayan conocido a Cristo.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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