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Pueblo no alcanzado Frontera
Los doms son considerados uno de los pueblos más antiguos del subcontinente indio, presentes en cientos de distritos de la India y de Nepal. A lo largo de la historia, el nombre Dom se usó como apellido de toda una comunidad, marcada por oficios que la sociedad india relegaba a los más pobres: cavar tumbas, cremar a los muertos y tejer cestas de bambú.
Entre los doms de la India, un grupo específico sigue la fe islámica, sumando cerca de 200 mil personas repartidas por diferentes regiones del país. Todavía hoy ocupan una posición social baja, y la mayoría habla urdu como lengua cotidiana.
A pesar de la larga historia de exclusión, comunidades de bajo estatus como los doms suelen mostrarse más abiertas al mensaje de Jesús que grupos social y religiosamente más protegidos, y esto hace aún más necesaria la presencia de obreros dispuestos a caminar junto a ellos.
Los orígenes de los doms se pierden en distintas tradiciones orales, muchas de ellas ligadas a relatos sobre un antepasado expulsado por sacrificar una vaca sagrada, lo que habría sellado su destino como casta marginada. Con el tiempo, el grupo se extendió por cientos de distritos de la India y de Nepal, siempre asociado a los oficios que nadie más quería ejercer.
Entre ellos, una parte adoptó el islam a lo largo de los siglos de convivencia con comunidades musulmanas vecinas, formando la rama hoy reconocida como dom musulmán, distinta de parientes de tradición hindú o sij que llevan el mismo nombre.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
India No alcanzado
|
93,4%
|
190.000 |
Pakistán No alcanzado
|
4,2%
|
8.500 |
Bangladés No alcanzado
|
1,6%
|
3.200 |
Nepal No alcanzado
|
0,9%
|
1.800 |
Durante generaciones, los doms fueron identificados por oficios que otras castas evitaban: cavar sepulturas, cremar cuerpos, tocar tambores en ceremonias y tejer cestas y esteras de bambú. Muchos hoy también recogen materiales reciclables, trabajan en plantaciones, conducen rickshaws o realizan trabajos de construcción, siempre entre las ocupaciones de menor prestigio social.
La vida gira en torno a lazos familiares estrechos y a una posición social que los coloca al margen: reciben comida y agua de vecinos de otras comunidades, pero ese gesto rara vez es correspondido. Los niños suelen dejar la escuela temprano, y los índices de alfabetización siguen siendo bajos incluso en las generaciones más jóvenes.
Los doms musulmanes siguen el islam sunita, con la fe centrada en Alá como Dios único y en Mahoma como su profeta, conforme a lo enseñado por el Corán. Jesús, al que llaman Isa al-Masih, no les es desconocido: la tradición islámica lo reconoce como un profeta honrado, uno de los mayores enviados por Dios. Lo que falta no es información sobre él, sino la convicción de que es más que un profeta entre varios.
Esta comprensión parcial de Jesús convive con una posición social que los mantiene al margen incluso dentro de la comunidad musulmana más amplia, herencia de la antigua asociación de la familia dom con castas de bajo estatus.
La mayor parte de los doms musulmanes en la India habla urdu en su día a día, lengua que ya cuenta con la Biblia completa traducida y disponible desde hace siglos, incluso en audio y aplicaciones. La distancia, sin embargo, no está en la falta de texto, sino en el analfabetismo y la baja escolaridad que marcan a la comunidad: pocos avanzan más allá de los primeros años escolares, lo que convierte la lectura directa de la Escritura en un camino poco accesible sin medios orales o visuales.
Ser dom musulmán es cargar con dos exclusiones al mismo tiempo: el rechazo histórico ligado a la casta de origen y la identificación islámica que convierte cualquier acercamiento a Jesús (Isa al-Masih) en un asunto delicado dentro de la propia comunidad. Aun cuando reconocen a Jesús como profeta, aceptarlo como el único camino hacia Dios exige romper con capas de identidad social y religiosa al mismo tiempo, lo que aísla aún más a quien ya vive al margen.
La baja escolaridad y el analfabetismo siguen siendo los mayores obstáculos para el desarrollo de la comunidad: pocos niños avanzan más allá de los primeros años de escuela, lo que limita oportunidades de trabajo y de acceso a la información, incluida la propia Escritura. Existe una necesidad concreta de acceso a la educación básica y a oportunidades que rompan el ciclo de ocupaciones marginadas heredadas por generaciones.
Espiritualmente, a los doms musulmanes les falta contacto con quien pueda presentarles a Jesús de forma clara y amorosa, más allá de la figura de un profeta entre otros. Necesitan personas dispuestas a caminar junto a una comunidad históricamente evitada por otros grupos.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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