Pueblo no alcanzado Frontera
Los dhund, también llamados abbasi, son un pueblo de las colinas del norte de Pakistán, concentrado en la región de Galyat, en el distrito de Murree y en las zonas vecinas de Hazara y de la Cachemira administrada por Pakistán, con un pequeño número de familias también en la Cachemira india.
Es un pueblo de tradición guerrera y de larga historia política en las montañas donde vive: por generaciones, jefes y líderes locales dhund ejercieron autoridad sobre valles y senderos que unen el Punjab con las tierras altas de Cachemira. Hablan variedades de hindko y pahari, y muchos también dominan el urdu, lengua de escuela y de comercio en la región.
Viven entre picos y valles verdes, en un territorio de clima templado que contrasta con el calor de las llanuras paquistaníes, y llevan con orgullo una identidad de pueblo de montaña, ligado a la tierra, al honor del clan y a una historia que se remonta a siglos antes de la formación del actual Pakistán.
La tradición dhund atribuye su origen a antepasados árabes que habrían llegado a la región con los ejércitos de Muhammad ibn al Qasim, vinculando el linaje a un tío del profeta Mahoma. Los registros coloniales británicos, sin embargo, también los asociaron con grupos rajput locales, lo que sugiere que la identidad árabe fue adoptada más tarde, junto con la islamización de la región.
A lo largo de los siglos, los dhund se asentaron en las colinas cercanas al río Jhelum, organizando la vida en torno a asambleas de ancianos, los jirgas, sin reconocer a un único gobernante central. Bajo el dominio sij y luego británico, algunos líderes dhund asumieron cargos administrativos y militares, mientras otros se levantaron en resistencia armada, marcando al pueblo como protagonista de las disputas por estas tierras montañosas.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Pakistán No alcanzado
|
98,4%
|
656.000 |
India No alcanzado
|
1,6%
|
11.000 |
La vida dhund está moldeada por la geografía de las colinas: terrazas agrícolas, huertos y cría de ganado sostienen a muchas familias, mientras que el clima templado de la región favorece también el turismo de verano, hoy una fuente importante de ingresos para quienes viven cerca de los senderos y aldeas de Galyat.
La estructura de clan sigue siendo central: las decisiones importantes, las disputas y las alianzas matrimoniales suelen pasar por ancianos respetados, y títulos tradicionales como khan, sardar y raja aún tienen peso social en las comunidades de las colinas. La hospitalidad hacia los visitantes y el respeto por las jerarquías familiares siguen marcando la vida cotidiana, así como el apego a la tierra de los antepasados y a los senderos que unen a las aldeas vecinas entre sí.
Los dhund son mayoritariamente musulmanes sunitas, y el islam organiza tanto la vida espiritual como las costumbres sociales de la comunidad: oraciones diarias, ayuno, peregrinación y la autoridad de los líderes religiosos locales forman parte del tejido común de las aldeas dispersas por las colinas.
Al igual que en otros pueblos de las montañas del noroeste del subcontinente, la fe islámica está entrelazada con el honor del clan y con la memoria del linaje árabe reivindicado por el pueblo, de modo que pertenecer a la familia dhund y ser musulmán son, en la práctica, casi la misma cosa. Esta fusión entre pertenencia familiar y religión atraviesa generaciones y moldea decisiones de matrimonio, educación y liderazgo comunitario.
La mayor parte de los dhund vive en Pakistán hablando variedades de hindko, lengua que ya cuenta con un Nuevo Testamento publicado, aunque poco distribuido entre los hablantes de las zonas serranas de Murree y Hazara. La pequeña parte del pueblo que vive en la Cachemira india tiene acceso a la lengua cachemira, a la que ya se ha traducido la Biblia completa, pero el alcance real de estas Escrituras entre las familias dhund sigue siendo prácticamente nulo.
Entre los dhund, pertenecer al clan y profesar el islam son la misma cosa: abandonar la fe se interpreta como romper con la familia y con el honor heredado de generaciones de líderes musulmanes. A esto se suman el aislamiento de las comunidades de montaña, la casi total ausencia de iglesias o de cristianos en la región y el peso de una identidad construida sobre un linaje religioso orgulloso, lo que hace poco frecuente cualquier primer contacto con el evangelio.
Muchas familias dhund dependen de la tierra y del turismo estacional de las colinas, lo que deja la economía vulnerable a malas cosechas y a temporadas flojas de visitantes. Existe la necesidad de mejores oportunidades de trabajo estable durante todo el año y de un acceso más amplio a la educación en las comunidades más alejadas de los senderos de montaña.
En el campo espiritual, la necesidad es aún mayor: prácticamente no hay cristianos dhund ni comunidades de fe que puedan acompañar a alguien que se acerque a Jesús, lo que hace urgente la oración por obreros dispuestos a caminar junto a este pueblo y por Escrituras que de verdad lleguen a sus manos.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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