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Petar Milošević - Wikimedia, CC BY-SA 3.0, via Joshua Project
Pueblo no alcanzado Frontera
Los gitanos domari forman uno de los pueblos más antiguos y menos conocidos de Oriente Medio y del Norte de África. Sus raíces están en la India, de donde partieron hace más de mil años en sucesivas oleadas de migración, junto con los antepasados de los gitanos romaníes que se extendieron por Europa. Mientras los romaníes se dirigieron hacia el occidente, los domari se establecieron en el corazón del mundo árabe y persa.
Hoy están dispersos por países como Egipto, Siria, Iraq, Jordania, Turquía, Irán e Israel, donde viven sobre todo en barrios populares de grandes ciudades y en campamentos al margen de los centros urbanos, como en Jerusalén. Conservan una lengua e identidad propias en medio de sociedades que rara vez los reconocen como parte de sí, ocupando un lugar aparte, entre culturas, sin pertenecer plenamente a ninguna de ellas.
La palabra "dom" proviene de un término sánscrito ligado a grupos indios que vivían de la música y el oficio itinerante. Entre los siglos III y X, esos grupos dejaron el subcontinente indio rumbo a Oriente Medio, llevando consigo una lengua de raíz indoaria que, con el tiempo, absorbió palabras del persa, del kurdo, del turco y sobre todo del árabe.
Se establecieron poco a poco en territorios que hoy corresponden a Siria, Iraq, Egipto y Palestina. En Jerusalén, algunos relatos sitúan su llegada hace siglos, en épocas en las que eran valorados como herreros y criadores de caballos. Siglos de convivencia cercana con árabes y turcos moldearon un pueblo que hoy habla mayoritariamente la lengua local, guardando el domari como herencia de familia y de memoria.
| País | Porción del pueblo | Población |
|---|---|---|
Irán No alcanzado
|
90,2%
|
1.710.000 |
Jordania No alcanzado
|
2,7%
|
51.000 |
Irak No alcanzado
|
2,4%
|
45.000 |
Libia No alcanzado
|
2,1%
|
39.000 |
Turquía No alcanzado
|
0,7%
|
14.000 |
Siria No alcanzado
|
0,6%
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11.000 |
Egipto No alcanzado
|
0,5%
|
10.000 |
Israel No alcanzado
|
0,5%
|
9.600 |
Kazajistán No alcanzado
|
0,4%
|
7.000 |
Durante mucho tiempo asociados a la vida itinerante, los domari de hoy viven, en su mayoría, de forma sedentaria, establecidos en barrios y comunidades fijas dentro de las ciudades donde habitan. La música, la danza y oficios como la herrería, la artesanía y el comercio ambulante marcaron históricamente su sustento, y muchas de esas tradiciones siguen vivas en familias que transmiten el oficio de padres a hijos.
La vida gira en torno a la familia extensa y a lazos comunitarios estrechos, que sostienen a los suyos frente a un entorno que suele tratarlos como extranjeros dentro de su propio país. El acceso limitado a la escuela y las dificultades económicas acompañan a varias generaciones, pero la identidad domari sigue siendo un punto de honor y de pertenencia, aun cuando resulte poco visible para quien mira desde fuera.
La gran mayoría de los domari profesa el islam, adoptado a lo largo de los siglos de convivencia con las sociedades árabes, turcas y persas de su entorno. En algunos lugares, como partes de Israel, familias domari siguen tradiciones cristianas heredadas del contexto local, mezcladas con costumbres propias del pueblo.
Para los domari, la fe suele confundirse con la necesidad de sobrevivir en medio de sociedades que los ven como extraños: pertenecer a la religión de la mayoría que los rodea es, muchas veces, un modo de reducir el peso del prejuicio. Esto hace que la identidad religiosa sea menos una elección íntima y más una capa adicional de la lucha cotidiana por la aceptación.
El domari es una lengua amenazada, sin forma escrita estandarizada, hablada por familias dispersas en varios países y dialectos diferentes. Ya existen algunos fragmentos de las Escrituras y materiales de enseñanza en audio en variantes del domari, pensados para un pueblo que transmite su cultura mucho más por la palabra hablada que por la lectura. Aun así, la mayoría de los domari nunca ha tenido contacto con ese contenido, y la propia lengua va perdiendo terreno frente al árabe y otros idiomas locales entre las generaciones más jóvenes.
Ser domari es cargar con una identidad que la sociedad circundante ya rechaza incluso antes de cualquier cuestión de fe: el prejuicio histórico contra los gitanos en Oriente Medio aísla al pueblo y dificulta hasta los primeros vínculos de confianza con extraños. A esto se suma la identificación casi total con el islam en varios de los países donde viven, lo que convierte cualquier cambio de fe en un riesgo social y familiar. La dispersión en pequeñas comunidades por muchos países, cada una con su dialecto y sus costumbres locales, también dificulta que cualquier mensaje llegue de forma unificada a todo el pueblo.
Décadas de marginación dejaron marcas concretas: la deserción escolar, el analfabetismo y el escaso acceso a oportunidades económicas acompañan a muchas familias domari, atrapadas en un ciclo difícil de romper solas. La discriminación que enfrentan tanto de vecinos árabes como de otras comunidades locales profundiza el aislamiento y la sensación de no pertenecer a ningún lugar.
Al pueblo domari le falta no solo oportunidad y reconocimiento, sino también alguien que se acerque con respeto y permanencia, dispuesto a aprender su lengua y su historia en vez de solo mirar de lejos. La escasez casi total de comunidad cristiana entre ellos significa que, para la inmensa mayoría, seguir a Jesús sigue siendo un camino sin ningún ejemplo cercano.
Intercede por este pueblo junto con cristianos de todo el mundo.
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