Mucha gente vive con miedo de nunca ser lo bastante buena delante de Dios. Fue esa angustia, llevada al extremo, la que atormentó a un joven monje alemán hasta que encontró, leyendo la carta a los Romanos, una respuesta que cambiaría la historia de la iglesia.
Martín Lutero nació el 10 de noviembre de 1483, en la pequeña ciudad de Eisleben, en el Sacro Imperio Romano Germánico, hijo de un minero. Estudiaba derecho en Erfurt cuando, en 1505, aterrorizado por una tormenta, hizo un voto de convertirse en monje e ingresó en el monasterio agustino de la ciudad.
Como monje, Lutero era tan riguroso que enfermaba con ayunos y confesiones interminables, sin llegar nunca a sentir paz con Dios. Años después, ya profesor en Wittenberg, al estudiar Romanos 1:17 comprendió que la justicia de Dios no castiga al pecador, sino que se da por gracia a quien cree.
En 1517, al cuestionar públicamente la venta de indulgencias, habría fijado las famosas 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, un gesto que la tradición consagró, aunque hoy los historiadores debaten si de hecho las clavó allí o solo las envió por carta al arzobispo. De un modo u otro, el texto se multiplicó gracias a la imprenta recién inventada, extendió el debate por toda Alemania y llevó a su excomunión por el papa León X, en 1521.
Convocado a la Dieta de Worms ese mismo año, se negó a retractarse de sus escritos sin ser convencido por las Escrituras. Escondido después en el castillo de Wartburg bajo otro nombre, tradujo el Nuevo Testamento al alemán, obra que completaría poco más de una década después con la traducción de la Biblia entera, en 1534.
En 1525, se casó con Katharina von Bora, exmonja, con quien tuvo seis hijos y una vida doméstica que él mismo ayudó a convertir en modelo para pastores casados. Ese mismo año, sin embargo, escribió un panfleto pidiendo a los príncipes que reprimieran con violencia la revuelta de los campesinos, episodio que marcó su biografía de manera sombría.
Ya anciano y enfermo, publicó todavía “Sobre los judíos y sus mentiras” (1543), texto de ataques virulentos que siglos después sería usado para justificar el antisemitismo. Es una mancha grave, reconocida y lamentada hoy por biógrafos y por las propias iglesias luteranas.
Lutero murió el 18 de febrero de 1546, en Eisleben, la ciudad donde nació, adonde había viajado para mediar una disputa entre nobles de la región. Su redescubrimiento de la gracia recibida por la fe, y no por el mérito, sigue sosteniendo hasta hoy la fe de millones de cristianos alrededor del mundo.