Kathryn Kuhlman nació el 9 de mayo de 1907 en Concordia, Misuri, hija de padre bautista y madre metodista. A los 14 años vivió una experiencia de conversión en una reunión evangélica que cambiaría el rumbo de su vida. Todavía adolescente, comenzó a predicar junto a su hermana Myrtle y su cuñado, en una época en que las mujeres rara vez subían al púlpito.
A los 21 años, en 1928, sola en Boise, Idaho, asumió un púlpito cuando el predicador titular faltó y decidió seguir en ministerio propio. Se estableció en Denver en 1933, donde fundó lo que llegó a conocerse como Denver Revival Tabernacle, congregando multitudes, pero fue allí también donde conoció al evangelista Burroughs Waltrip.
En 1938, Kuhlman se casó con Waltrip, quien había abandonado a su esposa e hijos para quedarse con ella. El escándalo alejó a buena parte de su congregación y de su equipo; el matrimonio terminó en separación en 1944 y divorcio en 1948. Ella reconocería después ese episodio como uno de los mayores arrepentimientos de su vida, en especial por el sufrimiento causado a los hijos de Waltrip.
Recomenzando en Franklin, Pensilvania, construyó un ministerio de radio y, a partir de 1946, pasó a predicar sobre el Espíritu Santo y a testificar casos de sanidad en sus cultos. Trasladó la sede a Pittsburgh y, en 1954, creó la Kathryn Kuhlman Foundation para sostener la obra.
A diferencia de otros evangelistas de sanidad de su tiempo, Kuhlman evitaba el tono teatral y el toque físico ostensible. Sus cultos se caracterizaban por largos momentos de alabanza y silencio, en los que ella decía solo discernir lo que el Espíritu Santo ya estaba haciendo entre los asistentes.
En 1962 publicó “Creo en los milagros”, que se convertiría en uno de los libros más leídos sobre sanidad divina, y en 1965 estrenó el programa de televisión del mismo nombre, uno de los primeros formatos de talk show cristiano de la televisión estadounidense, con más de quinientos episodios a lo largo de una década.
El éxito trajo también escrutinio. Un médico que dio seguimiento, en la década de 1970, a personas que alegaron sanidad en sus cultos no confirmó la sanidad en varios de los casos analizados, y al final de su vida ella enfrentó una demanda presentada por un exadministrador sobre el uso de los recursos del ministerio. Kuhlman negó irregularidades, y la acción se cerró por acuerdo antes de llegar a juicio.
Kuhlman murió el 20 de febrero de 1976 en Tulsa, Oklahoma, a causa de complicaciones tras una cirugía cardíaca. Su legado permanece en la convicción de que la sanidad viene del Espíritu Santo, no del predicador, recordatorio que sigue moldeando iglesias carismáticas y pentecostales alrededor del mundo.