En 1820, un adolescente huérfano de madre lanza un poema por la ventanilla del carruaje del rey de Prusia, pidiendo ayuda para estudiar. El gesto audaz da resultado: el rey Federico Guillermo III queda impresionado y abre las puertas de una escuela de misiones en Berlín para el joven Karl Gützlaff, hijo de un sastre de Pomerania.
Formado en la escuela del predicador Johannes Jänicke y luego capacitado por la Sociedad Misionera de los Países Bajos, en Róterdam, Gützlaff reveló un don poco común para los idiomas. En pocos años aprendió neerlandés, malayo, tailandés, camboyano y varios dialectos chinos, habilidad que marcaría toda su vida.
Enviado a Batavia en 1826, se trasladó a Bangkok dos años después. Junto al misionero Jacob Tomlin, comenzó a traducir los evangelios al tailandés. En 1834 publicó el Evangelio de Lucas en escritura tailandesa, la impresión bíblica más antigua conocida en ese idioma.
La alegría duró poco: en 1829 se casó con la misionera Maria Newell, pero ella murió en 1831, poco después de dar a luz a mellizos que tampoco sobrevivieron. Viudo y sin vínculo con su sociedad misionera, Gützlaff decidió seguir solo rumbo a China, entonces cerrada a los extranjeros.
Para llegar a la costa china, aceptó trabajar como intérprete en barcos comerciales británicos que también transportaban opio. Distribuía Biblias y panfletos mientras el barco vendía la droga, contradicción que él mismo reconoció con incomodidad y que mancha su biografía hasta hoy.
En 1834, ya viudo, se casó con la misionera británica Mary Wanstall. Radicada en Macao, ella abrió una escuela y, a partir de 1837, un trabajo pionero de alfabetización de niñas chinas ciegas. Mary murió en Singapur en 1849; pocos meses después, en gira por Europa, Gützlaff se casó por tercera vez, con Dorothy Gabriel.
La fluidez en chino lo hizo indispensable: fue intérprete en la Primera Guerra del Opio y en el Tratado de Nankín, en 1842, y luego secretario para asuntos chinos del gobierno británico en Hong Kong. Usó el cargo para distribuir Escrituras y panfletos cristianos.
Convencido de que China solo sería alcanzada por chinos, fundó en 1844 la Unión China, una red de evangelistas nativos. En gira por Europa, sin embargo, descubrió que parte de ellos había falsificado informes de conversión y revendido las Biblias recibidas. El golpe lo afectó profundamente, y críticos de la época llegaron a llamarlo charlatán.
Gützlaff murió en Hong Kong en 1851, sin ver el desenlace completo del escándalo que también había ayudado a construir. Su convicción de que los propios chinos debían evangelizar China sobrevivió a sus errores e inspiró a generaciones posteriores, entre ellas a Hudson Taylor, quien lo llamó abuelo de la China Inland Mission.