<p>Mucha gente ya ha hecho todo bien en la religión, fue a la iglesia, siguió las reglas, y aun así sintió el corazón vacío, sin la certeza de que Dios realmente la aceptaba. Juan Wesley vivió esa misma inquietud por años como clérigo, antes de encontrar la respuesta que buscaba.</p>
<p>Nacido el 28 de junio de 1703, en Epworth, Inglaterra, era uno de los diecinueve hijos del pastor anglicano Samuel Wesley y de Susana Wesley. A los cinco años, escapó de un incendio en la casa de la familia, y su madre pasó a llamarlo «un tizón rescatado del fuego», convencida de que Dios lo había reservado para un propósito mayor.</p>
<p>En Oxford, formó junto con su hermano Carlos un grupo de estudio y disciplina espiritual apodado, con ironía, «metodistas». Ordenado sacerdote de la Iglesia Anglicana en 1728, vivía con rigor las prácticas religiosas, pero confesaba no tener la paz íntima de la salvación que predicaba a los demás.</p>
<p>En 1735, partió como misionero a la colonia inglesa de Georgia, en América. La misión terminó en fracaso: un compromiso roto y un conflicto pastoral mal manejado lo obligaron a dejar la colonia bajo sospecha, en 1737, todavía sin la certeza espiritual que buscaba.</p>
<p>De vuelta en Londres, escuchó la lectura del prefacio de Lutero a la Carta a los Romanos en una reunión en la calle Aldersgate, el 24 de mayo de 1738. Allí, escribió después en su diario, «sentí que mi corazón ardía extrañamente», y recibió la certeza de que Cristo había quitado sus pecados.</p>
<p>A partir de 1739, predicó al aire libre para mineros y obreros que las iglesias solían ignorar, práctica vista como escandalosa para un clérigo. Organizó a los convertidos en sociedades con pequeños grupos de apoyo mutuo, y su amistad con George Whitefield se rompió por divergencias sobre la gracia y la predestinación.</p>
<p>Recorrió cerca de 400 mil kilómetros a caballo y predicó más de cuarenta mil sermones en cincuenta años de ministerio itinerante. Su matrimonio con Mary Vazeille, en 1751, estuvo marcado por celos y conflictos constantes a causa de los viajes, y terminó en separación definitiva.</p>
<p>Wesley murió en Londres el 2 de marzo de 1791, repitiendo: «lo mejor de todo es que Dios está con nosotros». Su vida muestra que la certeza de la fe no nace del esfuerzo religioso, sino de la gracia recibida, que no se conforma entre paredes: necesita ir adonde está la gente.</p>