Antes de convertirse en un símbolo del avivamiento galés, Howell Harris era apenas un joven maestro de escuela en Llangorse, en el interior de Gales. Nacido en 1714 en Trefeca, buscaba un sentido para la vida que la rutina del aula no le daba.
En marzo de 1735, escuchó un sermón del vicario de Talgarth sobre la indignidad de participar de la Cena del Señor sin arrepentimiento. La predicación lo conmovió profundamente, y en las semanas siguientes, leyendo y orando, encontró la certeza del perdón que buscaba.
Intentó seguir el camino tradicional de la ordenación, pero fue rechazado cuatro veces por obispos incómodos con su predicación al aire libre y en casas particulares. Sin hábito clerical, se convirtió en predicador laico itinerante, recorriendo Gales a pie y a caballo.
En 1737 unió fuerzas con el predicador Daniel Rowland, y juntos dieron forma al avivamiento metodista galés. Harris aportó un talento poco común para la organización: reunió a los nuevos creyentes en pequeñas sociedades de apoyo mutuo, evitando que el entusiasmo inicial se disipara.
Dos años después, inició una colaboración con el evangelista inglés George Whitefield, uniendo el movimiento galés a una red calvinista que atravesaba el Atlántico. Ambos insistían en que la gracia de Dios, y no el esfuerzo humano, estaba en el centro del evangelio.
Hacia 1750, sin embargo, su cercanía con Sidney Griffith, una mujer casada que había buscado refugio junto a los metodistas, generó un escándalo público. Sumado a esto, su lenguaje cada vez más confuso sobre la persona de Cristo, marcado por ideas de origen moravo, alejó a Rowland y a otros líderes del avivamiento. Harris se retiró del ministerio itinerante, herido y cuestionado por sus propios compañeros de fe.
En 1752 fundó en Trefeca una comunidad de vida compartida, inspirada en los moravos, con él mismo como líder. Reconciliado con Rowland algunos años después, retomó la predicación y, en 1768, ayudó a la condesa de Huntingdon a abrir allí un seminario para formar nuevos predicadores.
Harris murió en 1773 y fue sepultado en Talgarth, cerca del lugar donde se había convertido casi cuatro décadas antes. El movimiento que ayudó a organizar daría origen, en 1811, a la Iglesia Presbiteriana de Gales.