El valle de Elá se encuentra en la Sefelá, la tierra baja que separa los montes de Judea de la llanura costera de los filisteos. Su nombre viene de los árboles de terebinto, comunes en la región.
Fue allí donde los ejércitos de Israel y de los filisteos se posicionaron en colinas opuestas, con el valle entre ellos, listos para la guerra.
El valle se convirtió en el escenario del enfrentamiento más recordado del Antiguo Testamento. El joven David, armado solo con una honda y cinco piedras del arroyo, enfrentó al gigante Goliat delante de los dos ejércitos.
La victoria de David allí no vino de la fuerza militar, sino de la confianza en el Señor de los Ejércitos. El episodio muestra que Dios salva no por la espada ni por la lanza, sino por quien confía en él.
El valle de Elá recuerda que los mayores obstáculos de la fe no se vencen con los recursos del mundo, sino con la certeza de que la batalla le pertenece a Dios.
