Tebas fue una de las mayores ciudades del antiguo Egipto, capital religiosa y política durante buena parte de su historia. Estaba a orillas del río Nilo, en el Alto Egipto, y era el centro del culto al dios Amón.
En la Biblia la ciudad aparece con el nombre hebreo No, o No-Amón, que la NVI traduce por Tebas. El propio nombre vincula el lugar al dios egipcio Amón, adorado allí desde hacía siglos.
Los profetas Nahúm, Jeremías y Ezequiel citan a Tebas como ejemplo del juicio de Dios sobre Egipto y sus dioses. Nahúm recuerda que, a pesar del Nilo y de aliados poderosos, Tebas fue conquistada y su pueblo llevado al exilio.
El mismo destino es anunciado por Jeremías y Ezequiel contra el Egipto de su época. Ni la grandeza de una capital antigua ni el poder de sus dioses escapan al juicio del Señor.
Tebas no es escenario de ningún relato bíblico directo. Su función en el texto es la de advertencia: ciudades poderosas caen cuando confían en sí mismas en lugar de confiar en Dios.
