Hierápolis estaba ubicada en el valle del río Lico, en la región de Frigia, en el Asia Menor romana, en la actual Turquía. Era ciudad vecina de Laodicea y Colosas, formando con ellas un conjunto de iglesias próximas, situado en la ruta principal que unía Iconio con Éfeso.
La ciudad era famosa en la Antigüedad por sus fuentes termales y por las terrazas blancas de piedra caliza formadas por el agua mineral, un espectáculo natural que atraía visitantes de toda la región. Allí había también un templo dedicado a Apolo y una gruta ligada a rituales paganos, lo que convertía a Hierápolis en un centro religioso importante del paganismo local.
La Biblia menciona Hierápolis una única vez, en la carta de Pablo a los Colosenses. Epafras, miembro de la iglesia de Colosas, es descrito como alguien que se esforzaba y oraba intensamente por los cristianos de Colosas, Laodicea y Hierápolis.
Esta breve mención muestra que el evangelio ya había llegado a Hierápolis por medio del trabajo de Epafras, y que su preocupación pastoral no se limitaba a una sola ciudad, sino que alcanzaba toda la región del valle del Lico.
