Filistea era la franja costera al suroeste de Canaán, entre el mar Mediterráneo y las colinas de la Sefela. Allí vivían los filisteos, un pueblo venido del mar que se estableció en la región alrededor del siglo 12 a. C.
Cinco ciudades formaban el corazón de Filistea: Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat. Cada una tenía su propio gobernante, y juntas formaban una confederación militar temida por Israel.
A lo largo del Antiguo Testamento, Filistea aparece como la principal adversaria del pueblo de Dios. Fue allí donde Isaac vivió por un tiempo, en medio de disputas por pozos de agua con el rey Abimelec.
Fue allí también donde Sansón librò su combate solitario contra los enemigos de Israel, y donde el arca del pacto permaneció por algunos meses después de ser capturada en batalla.
Más tarde, David encontró refugio entre los filisteos cuando huía de Saúl, aceptando la protección del rey de Gat. Filistea fue, al mismo tiempo, campo de batalla y refugio inesperado.
Los profetas anunciaron juicio sobre esa tierra, pero también prometieron que un día ella pertenecería al remanente de Judá. La historia de Filistea recuerda que ningún pueblo, por más fuerte que sea, escapa del plan de Dios para las naciones.
