Ester cuenta la historia de una joven judía que se convierte en reina de Persia justo en el momento en que todo su pueblo corre el riesgo de ser exterminado.
La trama se desarrolla en la ciudadela de Susa, capital de invierno del imperio persa, décadas después de que muchos judíos fueran llevados al exilio por Babilonia y nunca regresaran a Judá. Vasti, la reina anterior, es destituida al comienzo, abriendo camino para que Ester ocupe su lugar.
Un detalle llama la atención ya desde los primeros capítulos: el nombre de Dios nunca aparece en el texto, ni una sola vez, de principio a fin.
Aun así, cada capítulo revela su mano actuando entre bastidores de la historia: en el azar que coloca a Ester en el trono, en el insomnio inesperado del rey, en la coincidencia que expone el plan secreto de Amán contra los judíos.
Mardoqueo resume el corazón del libro al decirle a su prima Ester que tal vez ella haya llegado a la posición de reina precisamente para un momento como aquel.
Ester responde con un valor poco común, dispuesta a arriesgar su propia vida para interceder por su pueblo ante el rey, aun sin haber sido llamada.
El plan de destrucción tramado por Amán contra los judíos se vuelve contra él mismo, y el día señalado para la ruina del pueblo de Dios se transforma en el día de su victoria.
De ese libramiento nace la fiesta judía de Purim, celebrada hasta hoy en memoria de la salvación que Dios obró sin necesidad de aparecer en escena.
Ester invita al lector a confiar en que Dios sigue teniendo el control de la historia aun cuando parece estar en silencio, y vale la pena conocer de cerca ese libramiento.