Cantares es el único libro de la Biblia dedicado por completo a celebrar el amor entre un hombre y una mujer. Su propio nombre, Cantar de los Cantares, ya indica que se trata del más hermoso de todos los cánticos.
Escrito en forma de poesía, el libro presenta el diálogo apasionado entre una pareja, sus amigos y las hijas de Jerusalén. Las imágenes provienen de jardines, viñedos, montañas y animales, y describen con delicadeza el deseo y la alegría de dos corazones que se pertenecen.
A primera vista, puede resultar extraño encontrar un poema tan físico en medio de la Biblia. Pero la Escritura enseña, desde Génesis, que el cuerpo y la atracción entre el esposo y la esposa son parte de la buena creación de Dios, no un tema prohibido.
El libro casi no menciona el nombre de Dios de forma directa, pero su punto más alto apunta hacia él. En Cantares 8:6, el amor es descrito como una “llama divina”, mostrando que la fuerza del amor humano nace del propio corazón de Dios.
A lo largo de los capítulos, la pareja vive temporadas de cercanía y de distancia. Hay noches de añoranza, búsquedas ansiosas y reencuentros llenos de alegría, hasta la decisión madura de pertenecerse exclusivamente el uno al otro.
Por tres veces el poema repite un estribillo: “no despierten ni desvelen el amor hasta que quiera despertar”. Es una invitación a la paciencia, para que el amor crezca en el tiempo justo, sin prisa ni precipitación.
A lo largo de la historia, muchos lectores cristianos también han visto en este cántico una figura del amor entre Cristo y la iglesia. Un amor fiel, exclusivo y más fuerte que la muerte.
Ya sea leído como celebración del matrimonio o como retrato de la alianza entre Dios y su pueblo, Cantares invita a mirar el amor con reverencia y gratitud. Vale la pena sumergirse en esta poesía antigua y descubrir, verso a verso, cómo el amor genuino refleja el corazón del propio Dios.