Quien ha vivido entre dos mundos sin pertenecer realmente a ninguno de ellos entiende algo de la inquietud de Moisés. Criado como príncipe egipcio, pero nacido hebreo esclavo, él cargaba una pregunta que mucha gente carga hasta hoy: ¿a quién pertenezco?
Su historia comienza con un decreto de muerte. Para escapar de la orden del faraón de matar a los bebés hebreos, su madre, Jocabed, lo escondió y después lo puso en una cesta en el río Nilo (Éxodo 2:1-3). La propia hija del faraón lo rescató de las aguas y le dio el nombre Moisés, porque lo saqué de las aguas (Éxodo 2:10).
Ya adulto, al ver a un egipcio golpeando a un hebreo, Moisés mató al agresor por impulso y huyó al desierto de Madián (Éxodo 2:11-15). Allí pasó 40 años como pastor, lejos del palacio, aprendiendo a vivir de forma sencilla antes de cualquier llamado.
Fue en una zarza que ardía sin consumirse donde Dios lo llamó para libertar a Israel (Éxodo 3:1-10). Moisés resistió, alegando falta de elocuencia, pero Dios prometió estar con él y le dio a Aarón como portavoz (Éxodo 4:10-14).
Después de confrontar al faraón con diez plagas, Moisés lideró la travesía del mar Rojo y condujo al pueblo hasta el monte Sinaí, donde recibió los Diez Mandamientos (Éxodo 14; 19:1-20:17). Aun ante la idolatría del pueblo con el becerro de oro, él intercedió por ellos en lugar de dejar que Dios los destruyera (Éxodo 32:11-14).
Por 40 años guio a una multitud que se quejaba con frecuencia, hasta que, en un momento de ira, golpeó la roca en vez de hablarle, desobedeciendo a Dios (Números 20:10-12). Por eso, él mismo no entró en la tierra prometida.
A los 120 años, subió al monte Nebo, vio Canaán a la distancia y murió allí, sin que nadie supiera dónde fue sepultado (Deuteronomio 34:1-7). Su vida termina sin la recompensa visible que tanto esperaba.
La historia de Moisés recuerda que Dios no escoge personas ya listas: él forma líderes en el desierto y usa gente insegura para hacer lo imposible. Y muestra que ver la promesa de lejos, sin alcanzarla por completo, también puede ser una vida fiel.