Pocas cosas duelen tanto como la injusticia que queda sin respuesta dentro de una familia, cuando quien debería proteger elige el silencio. Absalón vivió ese dolor de una manera extrema, y la respuesta que le dio terminó destruyendo todo lo que más quería.
Absalón era el tercer hijo de David, nacido de Macá, hija del rey de Gesur (2 Samuel 3:3). La Biblia destaca su belleza física, sobre todo su cabello largo, hasta el punto de decir que no había hombre tan alabado en toda la nación (2 Samuel 14:25,26).
Cuando su hermano Amnón violó a Tamar, hermana de ambos, y David no castigó el crimen, Absalón guardó el odio en silencio durante dos años (2 Samuel 13:22,23). Después tendió una trampa y mandó matar a Amnón, huyendo enseguida a Gesur (2 Samuel 13:28,29,37,38).
Después de tres años de exilio y una reconciliación mediada por Joab, Absalón volvió a Jerusalén, pero David lo mantuvo alejado por dos años más antes de restaurar la relación (2 Samuel 14:23,24,28,33). La distancia abrió una herida que nunca cicatrizó de verdad.
Ambicioso y popular, Absalón comenzó a conquistar el corazón del pueblo, sentándose a la puerta de la ciudad para juzgar causas y prometiendo la justicia que David parecía descuidar (2 Samuel 15:2,3,4,5,6). En Hebrón se proclamó rey y levantó una revuelta armada contra su propio padre (2 Samuel 15:10,12).
David huyó de Jerusalén, y la guerra civil terminó en el bosque de Efraín, donde Absalón, con el cabello enredado en una encina, fue muerto por Joab a pesar de la orden expresa del rey de que se le perdonara la vida (2 Samuel 18:5,9,14,15). El grito de David, “hijo mío, hijo mío Absalón” (2 Samuel 18:33), sigue siendo uno de los lamentos más dolorosos de las Escrituras.
La historia de Absalón recuerda que la injusticia no resuelta tiende a pudrirse en amargura, y que la ambición alimentada por heridas antiguas rara vez construye algo duradero. También muestra cuánto puede un padre seguir amando a un hijo incluso después de la traición, un eco lejano del amor que Dios tiene por los hijos que se rebelan contra él.